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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Recursos Escuela Sabática 

I Trimestre de 2008 

Libro Complementario 
Ideas prácticas para el discipulado 



Capítulo 10 

El discipulado bajo presión 



El autor Theodore Hume declara que a la edad de 32 años, el composi- 
tor Ludwig van Beethoven escribió un testamento que algunos con- 
sideran como uno de los documentos más tristes que se hayan publi- 
cado. Expresó su enojo hacia la vida, diciendo: "Durante seis años, 
he sido un caso desesperado, engañado año tras año por la esperanza de mejoría. 
Soy sordo. ¿Cómo puedo soportar una enfermedad en uno de los sentidos que 
debería haber sido más perfecto en mí que en otros? [...] ¡Un poco más y habré 
puesto fin a mi vida; esta es una existencia desdichada!". La sordera era, para Be- 
ethoven, la espina en su carne. ¿Ha reconocido usted la suya? ¿Cómo responde a 
las presiones del discipulado? 

El escritor David MacLennan cuenta del desechado hijo de un oficial japonés 
que se unió a una clase bíblica, para estudiar el cristianismo. Insatisfecho con sus 
condiciones nacionales y su religión de Estado heredada, eligió seguir a Jesús. 
Su tío lo echó, sin un centavo, como un soñador insano y devoto de un culto im- 
posible. A pesar del cuidado de amigos misioneros, contrajo tuberculosis. No 
obstante, ni acusó a Dios por ello ni se deprimió. En cambio, regresó a casa para 
"hacer su esfuerzo: en favor de Cristo y su causa en medio de la más grande ne- 
cesidad y miseria humana que él pudiera encontrar". " A pesar de vivir en un am- 
biente inundado con enfermedades, a pesar de ser arrestado por "pensamientos pe- 
ligrosos" y a pesar de no tener un órgano sano en su cuerpo, dirigió una cruzada 
por la cristianización de Japón. 

1 A. Gordon Nasby, ed., Treasury ofthe Christian World, p. 157. 

2 Ibid. 

3 //>/(/., pp. 157,158. 

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El modelo del poder (Juan 6:1-15) 

Los cuatro evangelios registran la historia de la alimentación de los cinco mil. 
Sin embargo, solo Juan registra el entusiasmo mesiánico que generó esta ali- 
mentación milagrosa. Juan declaró: "Aquellos hombres entonces, viendo la señal 
que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de 
venir al mundo" (Juan 6:14). La palabra señal, en este versículo, es importante. 
Para Juan, los milagros de Jesús eran señales que confirmaban su condición de 
Mesías. 

También es importante que la gente se haya preguntado si Jesús era el profeta y 
no si él era el Mesías. Lo que se refleja aquí es un concepto mesiánico que esperaba 
que el Mesías sería un profeta "como Moisés". Este concepto surge de Deutero- 
nomio 18:15 y 18, donde se registra la promesa de Moisés de que Dios suscitaría 
un profeta como él. Para Juan, los milagros no señalaban a Jesús como divino si- 
no que indicaban la presencia de la gloria de Dios en él. Cuando la gente vio la 
gloria de Dios manifestada en la alimentación milagrosa de la multitud, recordó 
las palabras de Moisés. Vieron, en Jesús, al Mesías ideal, y estaban listos para co- 
ronarlo rey. 

Los discípulos, hambrientos de poder, entendieron mal la naturaleza del reino 
de Jesús. Por eso, no vacilaron en capitalizar el entusiasmo de la gente. Note lo 
siguiente: "La prontitud con que la gente común de Galilea estuvo dispuesta a 
aceptar a Jesús como el Mesías indica cuan general era la expectativa de un Sal- 
vador y cuan grande la popularidad que Jesús había alcanzado. Ya había demos- 
trado que era un conductor de hombres; sabían que podría curar a cualquiera 
que fuera herido en batalla; habían visto cómo podía proporcionar alimento para 
un ejército. Ciertamente, un jefe tal sería invencible en una guerra contra los 
romanos opresores. ¡Tenía que ser el Mesías!". 4 

Siendo que la gente esperaba la venida del Mesías por el tiempo en que llegó 
Jesús, y siendo que la gente vio en él a un líder ideal, que podía alimentar a su 
tropa y sanar a los soldados heridos, estaba listos para hacerlo rey. ¿Pueden 
imaginarse la extraña unidad que surgió en las faldas de los montes de Galilea 
ese día, cuando los discípulos emplearon las ansiosas expectativas y el entusias- 
mo de la multitud para alimentar un intento de tomar a Jesús por la fuerza y co- 
ronarlo rey? ¿Pueden ver las miradas chasqueadas de los discípulos y escuchar las 
voces de desagrado cuando Jesús rehusó tomar el trono de David, que ellos veían 
que era su herencia legítima? Esto era discipulado a la manera de ellos. Esto era 
el modelo del poder en su expresión más característica. Para aplacar la marea, 

4 Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 989. 

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Jesús tomó firmemente el control de la situación. Despidió a las multitudes, en- 
vió a los discípulos a cruzar el lago y él se fue a las montañas solo, para tener 
ti con su Padre. 



Nuestra manera de proceder conduce al chasco y a la ruina. La manera de 
Dios es la mejor y la única. 

La avaricia: el modelo que llena los bolsillos 

(Juan 12:1-7) 

Un hombre que fue liberado de la prisión quería obtener efectivo en forma 
rápida. Encontró una iglesia, se presentó como un pastor visitante, con la espe- 
ranza de recibir un estipendio por sus servicios. Como esperaba, le pidieron que 
predicara, pero al pararse miró a la congregación, y vio a un ex preso que había 
sido liberado junto con él, y que estaba sentado en la parte de atrás de la iglesia. 
Así que, tomó como su texto un versículo del Salmo 189:150: "El hombre de 
lejos que me ve y no dice nada, a él lo veré más tarde". Algunas personas 
harán cualquier cosa por dinero, y a veces incluso usarán a Dios y a la religión 
para alcanzar sus sórdidas metas. Tristemente, tanto la historia bíblica como la 
de la iglesia confirman esto, como lo prueban Hechos 5:1 al 11 y el pasaje de 
Juan citado arriba. 

Judas era uno de los doce discípulos de Jesús. Fue llamado y recibió las mis- 
mas instrucciones que el resto (ver Mar. 3:13,14). El tenía una posición de 
honor en el grupo que seguía a Jesús. De todas las indicaciones que da el 
texto, se deduce que él amaba el dinero. Elena de White observó: "Judas era 
el tesorero de los discípulos, y de su pequeño depósito había extraído secreta- 
mente para su propio uso, reduciendo así sus recursos a una escasa pitanza. [...] 
A menudo había que sacar dinero de la bolsa para aliviar a los pobres". 5 

El ungimiento que realizó María a Jesús, en la víspera de su pasión, fue impor- 
tante. Era con el fin de prepararlo para su muerte. No obstante, Judas tenía un 
problema con las acciones de ella. La observación de Juan (Juan 12:6) acerca de 
Judas dice mucho en relación con Jesús, sus discípulos más allegados, la actitud 
de ellos hacia el dinero, su administración, y su percepción de sus responsa- 
bilidades hacia los pobres. Y, especialmente, nos dice mucho acerca de Judas. 
¿Qué nos indica la reacción de Judas acerca de él y de la percepción de los otros 



5 Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 513. 

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discípulos acerca de la misión de Jesús, seis días antes de su pasión? ¿Eran bue- 
nos alumnos que comprendían el discipulado? 

Compare y contraste a María y a Judas, así como sus actitudes hacia Jesús. 



María 


Jesús 



















Esta historia dice que los discípulos debieron haber tenido una preocupación y 
un afecto genuinos por su Maestro. También habla de que la justicia social, la 
honestidad, la integridad, los motivos puros, el juego limpio y la veracidad son 
rasgos positivos de los discípulos. Judas era un discípulo, pero él quería servir a 
su manera y para sus propios intereses. ¿Qué ilustra este pasaje acerca de los 
problemas con los tesoreros y la bolsa? De acuerdo con Mateo 26:14 al 16,47 al 
50; y 27:1 al 5, ¿adonde lo condujo finalmente el amor de Judas por el dinero? 
¿Cómo podría haber evitado esto? 

De acuerdo con Jesús, como se bosqueja en Mateo 26:6 al 13, ¿quién es el mo- 
delo del discipulado auténtico, y por qué? ¿De qué modo el uso que hizo la mujer 
de sus propios recursos se compara con el uso que hizo Judas de los recursos de 
la comunidad? ¿Qué valiosas lecciones acerca de la mayordomía podemos 
aprender de esta historia? 

"Raíz de todos los males es el amor al dinero" (1 Timoteo 6:10). 



El modelo del trueno 

¿Cómo le gustaría que lo llamaran: "Trueno" o "Hijo del trueno"? Bueno, 
cuando Jesús llamó a los hermanos Santiago y Juan para ser sus discípulos, él 
les dio el sobrenombre de Boanerges, o "hijos del trueno" (Marcos 3:17). Tal vez 

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se ganaron el título por causa de su "espíritu estrecho y exclusivista". Por la 
manera de enfocar el discipulado, hemos derivado este modelo del trueno. (Ver 
Marcos 9:38; Lucas 9:49,50.) 

Un día, mientras los hermanos hacían sus rondas, se encontraron con un hombre 
que no era un discípulo, pero que estaba procurando echar fuera demonios en el 
nombre de Jesús. Siendo que no pertenecía a los Doce, de inmediato le prohibie- 
ron que siguiera con su exorcismo. Hasta donde entendían ellos, el hombre no 
pertenecía a su club y, por lo tanto, no tenía derecho a hacer lo que estaba 
haciendo. Este concepto del discipulado es limitado y exclusivista. ¿Puedes iden- 
tificar ocasiones en las que enfocamos el discipulado de la misma manera, espe- 
cialmente en relación con otros cristianos y otras religiones? 

Es interesante notar la respuesta de Jesús, que intentó ampliar las perspectivas 
de ellos. Jesús canceló sus intentos de detener al hombre y les dijo que "ninguno 
hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí" (Marcos 
9:39). 

Lucas 9:51 al 54 indica que estos hermanos no aprendieron de su primera expe- 
riencia. Ocurrió un segundo episodio unos pocos días más tarde, que reveló sus 
luchas continuas con el discipulado. Esta vez, al comenzar Jesús su viaje a Jeru- 
salén, pasó por el territorio samaritano. Lucas dice que su destino estaba fijo de- 
lante de él: todos sabían que él iba a Jerusalén. Cuando los samaritanos vieron 
esto, le pidieron que no entrara en su territorio. 

Cuando Santiago y Juan oyeron esto, afloró su disposición fogosa, y le pregunta- 
ron a Jesús si, en retribución, podrían ellos pedir que bajara fuego del cielo para 
consumir a los samaritanos así como había hecho Elias. Estaban celosos por su 
Maestro y eran intolerantes con cualquiera que pudiera faltarle al respeto u 
ofenderlo. 

¿Cómo respondió Jesús a este incidente? Reprendió a los hermanos y les dijo 
que él no había venido a destruir vidas sino a salvarlas. ¿Les parece que los 
hermanos entendieron ese punto? 

Estos incidentes parecen sugerir que los hermanos eran intolerantes con aque- 
llos que no pertenecían a su grupo, así como con los de otras culturas. Tal vez 
hoy los habríamos llamado "conservadores". Se dice que, según las investigacio- 
nes, los cristianos conservadores son los que a veces pueden tener prejuicios y se 
muestran elitistas en su enfoque de los problemas de la justicia social, y en su re- 
lación con otros que no son de su tradición. ¿Está usted de acuerdo con esta de- 

MWd,p.405. 

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claración o no? ¿Se relaciona con los adventistas del séptimo día? ¿Cómo corre- 
giría estos conceptos? 

Estos hermanos parecen no haber renunciado tan fácilmente a obtener sus de- 
seos acariciados. Aparentemente, cuando los enfoques que observamos en los 
pasajes anteriores no sirvieron, buscaron otra manera de promoverse a sí mismos 
y seguir el discipulado a su manera (ver Mateo 20:20-28; Marcos 10:35-45). Si 
los hermanos usaron a su madre para representarlos ante Jesús, o se presentaron 
ellos mismos, su pedido era en beneficio propio y revela un enfoque autoritario del 
discipulado. ¿Cómo crees que los demás discípulos se habrán sentido acerca del 
pedido de Santiago y Juan de que los puestos más honoríficos en el Reino fue- 
ran reservados para su familia? ¿Qué nos enseña la respuesta de Jesús, a los her- 
manos y a su madre, acerca de la jerarquía en la iglesia y acerca de las rivalidades 
por los cargos y las posiciones? ¿Qué hará usted para prevenir tales errores en su 
propio discipulado? 

Un verdadero discípulo acepta a todos los hijos de Dios y los anima en el 
camino al Reino, especialmente siendo que el suelo es parejo al pie de la 



El modelo de los pescadores peleadores 

Pedro era una de esas personas impetuosas que siempre tienen algo que decir 
acerca de cualquier problema. Lucas 22:33 y 34 dice que estaba tan seguro de sí 
mismo y de su discipulado que prometió ir con Jesús aun a la prisión y a la 
muerte. No obstante, Mateo 26:69 al 75 revela que unas pocas horas más tarde 
él juró que no tenía nada que ver con Jesús. 



Algunas personas piensan que, para convencer a la criada de que no era un segui- 
dor de Jesús, Pedro maldijo y usó imprecaciones. Sin embargo, un judío hubiera 
considerado eso como una blasfemia. Tal vez él negó conocer a Cristo y dijo 
que era digno de muerte. Eso hubiera sido más convincente para los presentes 
que el mero maldecir, y explicaría el profundo remordimiento que sintió Pedro 
algo más tarde. 

El fracaso de Pedro puede ser atribuido a la dependencia propia y a un exceso de 
confianza. Estos rasgos garantizan el fracaso en el discipulado, así como demos- 
traron ser la ruina de Lucifer. Pedro falló porque no estaba dispuesto a depender 
de Cristo por medio del apoyo que da la oración. Los discípulos contemporáne- 

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os también fallarán si, como Pedro, rehusan buscar la conducción divina para el 
discipulado. 

Juan 18:1 al 11 cuenta acerca del Pedro impetuoso, el peleador, que no había 
podido mantenerse despierto para velar y orar por su Maestro en el jardín del 
Getsemaní. Tal vez no sintió el peligro en el jardín donde su Maestro oraba, pe- 
ro sí lo sintió cuando llegó Judas con la turba. Así que, salió en defensa de su 
Maestro: sacó su espada y le cortó la oreja a Maleo, el siervo del sumo sacerdo- 
te. Ciertamente Pedro era un discípulo que le gustaba hacer las cosas a su ma- 
nera. Los verdaderos discípulos aprenderán a permitir que Dios haga las cosas a 
su modo. Solo entonces puede asegurarse el éxito en el discipulado. 

Pedro era uno de los pescadores a quienes Jesús había llamado, de estar pes- 
cando peces, para pescar personas. Estos pescadores abandonaron su medio de 
vida y lo siguieron hasta su pasión, pero la muerte de Jesús disminuyó su fe. 
Algún tiempo después de la resurrección de Jesús, cuando el Señor se había apa- 
recido unas pocas veces a los discípulos, Pedro anunció que volvería a pescar pe- 
ces. Sus esperanzas habían sido destrozadas porque Jesús había sido crucificado 
y no había establecido su reino como él y sus compañeros habían esperado. 

Que Pedro fuera considerado como un líder por sus pares es evidente, ya que 
varios de ellos decidieron unirse a su retorno al mar. Los discípulos con cuali- 
dades de dirigentes encontrarán que se requiere más de ellos y de su discipulado, 
ya que sus decisiones impactan a otros para el bien o para el mal. Pedro apren- 
dió esa lección. También debemos aprenderla nosotros. 

La forma en que Cristo trató esta situación es interesante, por decir lo menos. 
No reprendió a Pedro por su decisión ni lo acusó de influir sobre los otros para 
regresar a la pesca. Sencillamente les mostró que era necesario depender de lo 
divino para tener un discipulado de éxito. Los discípulos pasaron la noche entera 
pescando, pero no sacaron ni un solo pez. Jesús los llamó y les dio instrucciones 
de que arrojaran la red del otro lado del bote. Cuando lo hicieron, capturaron 
tantos peces que no podían recoger la red en el barco. 

Jesús enseñó a los discípulos una valiosa lección acerca de la salvación. Habían 
pescado toda la noche pero no habían capturado nada. Esto muestra la futilidad 
del esfuerzo humano sin ayuda; resulta en un trabajo sin frutos. Eso es porque la 
salvación no puede ser lograda por obras y es solo por fe. El milagro que realizó 
Jesús y el desayuno que preparó con todo amor para ellos les enseñó una lección 
de fe y reforzó la verdad de que la salvación es por gracia mediante la fe. Es de 
Dios, y sólo de Dios. 

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Después de que los discípulos terminaron el desayuno, Jesús comenzó a conversar 
con Pedro. Tres veces, frente a los compañeros de Pedro, Jesús le preguntó acer- 
ca de su amor y su lealtad. Jesús es un Maestro y Amo maravilloso. ¿Por qué le 
hizo esas preguntas a Pedro, de esa manera? Pedro había negado a su Señor tres 
veces ante sus pares, así que tres veces Jesús le dio la oportunidad de expresar 
sus sentimientos, que resultaron en su restauración en la presencia de los otros 
discípulos: los mismos que habían sido testigos de su negación. Elena de White 
escribió: "Tres veces había negado Pedro abiertamente a su Señor, y tres veces 
Jesús obtuvo de él la seguridad de su amor y lealtad, haciendo penetrar en su 
corazón esta aguda pregunta, como una saeta armada de púas que penetrase en su 
herido corazón. Delante de los discípulos congregados, Jesús reveló la profundi- 
dad del arrepentimiento de Pedro, y demostró cuan cabalmente humillado se 
hallaba el discípulo una vez jactancioso". 7 

Esta experiencia nos enseña que los discípulos que están luchando, pueden te- 
ner esperanza. Servimos a un Salvador amante y perdonador, que siempre está 
listo para aceptar y restaurar a quienes caen pero que rehusan mantenerse caí- 
dos, que se levantan y continúan la lucha. Jesús extrajo y aceptó los frutos del 
arrepentimiento de Pedro en presencia de sus compañeros, a fin de que ellos no 
cuestionaran su compromiso o dudaran de su restauración. Hay lecciones valio- 
sas aquí para que aprendan los discípulos contemporáneos y usen en su discipula- 
do. 

El orgullo está antes de la destrucción, y el espíritu altanero delante de una 
caída. La cura para el orgullo y la seguridad propia se encuentra al pie de la 
Cruz. 

El modelo de la huida (Mateo 26:56) 



Los discípulos estuvieron con Jesús tres años y medio. Vieron sus acciones, oye- 
ron sus palabras, lo siguieron por todas partes, escucharon sus instrucciones. De 
hecho, como les dijo Jesús, sus ojos y sus oídos fueron bendecidos, porque ellos 
vieron y oyeron lo que "muchos profetas y justos desearon ver" y experimentar 
(Mateo 13:17). No obstante, como decimos, todas las cosas buenas tienen un fin. 
Sabiendo que la vida con sus discípulos no continuaría indefinidamente, Jesús 
comenzó a prepararlos para su partida. Además, sabiendo lo que sucedería en Je- 



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rusalén, les anticipó acerca de su pasión, pero ellos no escucharon. Llegaron a 
Jerusalén totalmente sin preparación para lo que allí iba a suceder. 

Jesús hizo todo lo que pudo a fin de preparar a sus discípulos para su muerte, 
pero ellos eran lentos para aprender. En la Transfiguración, la voz celestial los 
había invitado a escuchar a Jesús; no obstante, ellos no se beneficiaron con sus 
instrucciones acerca de la Pasión. ¿Por qué les era tan difícil entender lo que Jesús 
estaba enseñando? En el libro Slow ío Understand: The Disciples in Synoptic 
Perspective [Lentos para entender: los discípulos en la perspectiva sinóptica], yo 
alego que, durante el ministerio de Jesús, los discípulos miraron lo que hacía en 
vez de escuchar lo que decía. Como nosotros, ellos aprendieron más de lo que 
experimentaron a través de sus sentidos, especialmente con sus ojos. Y los actos 
de Jesús parecían confirmar sus esperanzas mesiánicas, que les resultaban agrada- 
bles. 

¿Podría ser que las cosas que estamos mirando nos ciegan a las lecciones que el 
Señor nos envía? ¿Podrían nuestros conceptos preconcebidos acerca de la segunda 
venida de Cristo o del discipulado cegarnos a la información que el Señor está 
dando en preparación para su venida? ¿Qué podríamos hacer para evitar repetir 
las experiencias de los primeros discípulos? 

Tal vez Judas y sus asociados sentían que Jesús desaparecería ante los que venían 
para arrestarlo, así como había sucedido en Nazaret cuando la turba intentó 
echarlo abajo, por el precipicio. Cuando los discípulos vieron que él no trataría 
de escapar, lo abandonaron y huyeron. ¿Qué motivó sus acciones? ¿Era temor, 
conservación propia o ambas cosas? ¿Cómo podemos evitar ser chasqueados, en 
ocasión de la venida de Jesús? ¿Qué pasos debería dar en su propio discipulado 
para conservar su relación con Jesús, y evitar así el error y las trampas en las que 
cayeron los discípulos originales? 

La cultura occidental es individualista. A muchos cristianos les gusta hacer las 
cosas a su manera. Pero el discipulado fiel demanda otra cosa. Involucra seguir al 
Maestro. Las experiencias de estos discípulos, especialmente de Judas, nos en- 
señan que la proximidad a las cosas religiosas y/o maestros no nos hace espiri- 
tuales. Manténgase cerca de las personas con buena calidad de relación con 
Jesús, y no por la duración de su feligresía en la iglesia. 

Las personas aprenden más por lo que ven que por lo que oyen. En conse- 
cuencia, los discípulos necesitan asegurarse de que su vida refleje a Cristo, 
como para atraer a otros a él. 



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